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Adicciones comportamentales

La adicción al móvil, al juego, al sexo, a las compras o a internet son adicciones comportamentales: no hay ninguna droga de por medio, pero la persona pierde el control sobre una conducta que al principio le daba placer o alivio, y la sigue repitiendo aunque le esté haciendo daño. El mecanismo de fondo se parece mucho al de las sustancias, y por eso se tratan con un enfoque parecido.

Pasar muchas horas con el móvil, apostar alguna vez o disfrutar comprando no es, por sí solo, un problema. La diferencia está en el control, el malestar y lo que vas dejando por el camino. Aquí te explicamos cómo reconocer cada una y qué hacer si te ves reflejado o te preocupa alguien cercano.

Qué tienen en común las conductas adictivas

También se las llama socioadicciones o adicciones sin sustancia. Cambia la actividad, pero el patrón suele repetirse:

  • Pérdida de control: dedicas más tiempo o dinero del previsto y no consigues parar cuando te lo propones.
  • Cada vez hace falta más: más horas, apuestas más altas o compras más frecuentes para sentir lo mismo.
  • Malestar cuando no puedes hacerlo: irritabilidad, inquietud o ansiedad, algo muy similar a una abstinencia.
  • Una vía de escape: la conducta se convierte en la forma de calmar la tensión, la tristeza, el aburrimiento o la soledad.
  • Consecuencias que no frenan: discusiones, deudas, peor rendimiento o aislamiento, y aun así se continúa.
  • Secretismo: minimizar, mentir sobre el tiempo o el dinero invertido, borrar el historial.

Los manuales diagnósticos reconocen el trastorno por juego de azar y, en la CIE-11 de la Organización Mundial de la Salud, también el trastorno por videojuegos. El uso problemático del móvil, de internet o de las compras no tiene etiqueta propia, pero se aborda con los mismos criterios. Para entender el proceso de fondo, lee qué es una adicción.

Adicción al móvil: cuándo deja de ser un uso normal

El móvil sirve para casi todo, y por eso el uso puede descontrolarse sin que nadie lo note. Más que contar horas, conviene fijarse en si puedes prescindir de él sin angustia y en qué está desplazando. Algunas señales:

  • Es lo primero que miras al despertar y lo último antes de dormir, y te quita horas de sueño.
  • Sientes ansiedad si te quedas sin batería, sin cobertura o sin él (lo que se conoce como nomofobia).
  • Lo consultas en situaciones inadecuadas o peligrosas, como al conducir o en clase, y has dejado de lado aficiones o amistades.
  • Has intentado reducir su uso y no lo has conseguido, o te genera discusiones en casa.

Móvil y adolescentes

La adolescencia es una etapa especialmente vulnerable, y el primer móvil llega cada vez antes. A esta edad el uso excesivo suele traducirse en problemas de sueño, irritabilidad y conflictos con los padres. Suele funcionar mejor acordar normas en familia (horarios sin pantallas, el móvil fuera del dormitorio por la noche, adultos que también dan ejemplo) que retirarlo de golpe como castigo. Si la situación se os escapa, el programa para adolescentes de FSC ofrece orientación a jóvenes y a sus familias.

Adicción a internet, redes sociales y videojuegos

Internet está disponible a cualquier hora, desde varios dispositivos, con un coste bajo y, a menudo, con anonimato. Esa combinación facilita un uso excesivo y continuado: la persona sacrifica sueño y descanso y abandona otras actividades. Además, la red multiplica otras conductas adictivas: permite apostar, comprar o consumir pornografía sin salir de casa.

Videojuegos

Jugar puede ser una afición sana. Se convierte en problema cuando ocupa casi todo el tiempo libre, altera los horarios, provoca cansancio e irritabilidad y desplaza estudios o relaciones. Entre niños y adolescentes es la conducta adictiva sin sustancia que más se ve. Algunos juegos incluyen recompensas aleatorias, como cajas de premios, que siguen la lógica del juego de azar y enganchan más.

Adicción al juego o ludopatía

Es la conducta adictiva sin sustancia más habitual y la que motiva más peticiones de tratamiento, tanto en su versión presencial (salones, máquinas, casinos) como online (apuestas deportivas, casino en el móvil). La señal más característica es intentar recuperar lo perdido apostando de nuevo. Otras pistas son pedir dinero prestado, esconder extractos bancarios, mentir sobre dónde se ha estado o sentir que solo jugando se alivia la tensión.

Muchas personas llegan a consulta después de varios intentos de dejarlo por su cuenta. Mientras tanto, algunas medidas ayudan a cortar el acceso: solicitar la autoprohibición en los registros oficiales de juego, dejar temporalmente la gestión del dinero en manos de alguien de confianza y eliminar las aplicaciones y cuentas de apuestas. El objetivo terapéutico suele ser dejar de jugar por completo.

Adicción al sexo

No se trata de cuánto sexo tiene alguien ni de juzgar sus gustos, sino de una pérdida de control: impulsos y conductas sexuales repetidas (encuentros, pornografía, cibersexo) que la persona no consigue frenar, que la exponen a riesgos y que le causan un malestar importante. La CIE-11 lo recoge como trastorno por comportamiento sexual compulsivo. La vergüenza y la culpa suelen retrasar la petición de ayuda. El tratamiento trabaja la ansiedad de fondo, esos sentimientos y los problemas de pareja o sociales que hayan surgido.

Adicción a las compras (oniomanía)

Como comprar está bien visto, las alarmas suelen saltar tarde, cuando ya hay deudas o conflictos. La persona compra de forma impulsiva para calmar la ansiedad o evadirse; el alivio dura poco y deja paso a la culpa. Son señales frecuentes acumular cosas sin estrenar, esconder paquetes o tiques, encadenar devoluciones y compras, o recurrir a créditos para cubrir gastos. El primer paso del tratamiento es tomar conciencia del problema y entender qué malestar se está intentando tapar.

Cómo se tratan las adicciones comportamentales

La base es el tratamiento psicológico, normalmente cognitivo-conductual y con participación de la familia. En el juego el objetivo suele ser la abstinencia; con el móvil, internet o las compras, que no se pueden evitar del todo, se busca recuperar un uso controlado y saludable. También se atienden problemas que a menudo aparecen a la vez, como ansiedad, depresión o consumo de alcohol u otras drogas (lo que se conoce como patología dual). Cuando hace falta, se suma atención psiquiátrica. Puedes ver cómo es el proceso en cómo se trata una adicción.

Cuándo pedir ayuda

Conviene consultar con un profesional si:

  • Has intentado controlar la conducta varias veces y no lo has logrado.
  • Te está generando deudas, problemas en el trabajo o los estudios, o conflictos de pareja o familia.
  • La usas sobre todo para no sentir ansiedad, tristeza o soledad.
  • Alguien cercano te ha dicho que le preocupa.

En FSC puedes empezar por la primera atención gratuita en Barcelona, tanto si eres tú quien tiene el problema como si eres un familiar. Llama al 93 424 04 00 y te orientarán sobre el siguiente paso. Si en algún momento aparecen ideas de hacerte daño, llama al 024 o, en caso de urgencia, al 112.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas horas de móvil al día se consideran adicción?

No hay una cifra que marque el límite. Lo importante es si puedes dejarlo sin angustia, si te quita sueño y si desplaza estudios, trabajo o relaciones. Alguien puede usarlo muchas horas por trabajo sin tener un problema.

¿La ludopatía se puede tratar?

Sí. Es un trastorno reconocido y existen tratamientos psicológicos específicos. El proceso suele incluir dejar de jugar, recuperar el control del dinero y trabajar lo que llevó a jugar, con apoyo de la familia cuando es posible.

¿Es lo mismo la adicción al sexo que tener mucho deseo sexual?

No. Tener un deseo sexual alto no es un trastorno. Se habla de adicción o comportamiento sexual compulsivo cuando la persona no consigue controlar sus conductas sexuales, se expone a riesgos y eso le provoca un malestar importante.

¿Qué hago si mi hijo no puede dejar el móvil o los videojuegos?

Habla con él en un momento tranquilo, sin acusaciones, y acordad normas claras y asumibles. Si aparecen irritabilidad intensa, aislamiento o caída del rendimiento escolar, pedid orientación profesional: también los padres pueden consultar aunque el menor no quiera.

¿Se puede tener una adicción sin sustancia y otra a una droga a la vez?

Sí, y no es raro. El juego, por ejemplo, se combina a menudo con el alcohol. En estos casos conviene tratar ambas adicciones a la vez, junto con la ansiedad o la depresión si las hay.

Primera atención gratuita

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